El decano desconocido Pablo Martín Sánchez ha ingresado a OuLiPo

De La Nación (Argentina)

Eduardo Berti ha ingresado en el selectoOuvroir de Littérature Potentielle (OuLiPo) o, en castellano, Taller de Literatura Potencial, el grupo fundado en 1960 por Raymond Queneau (el maravilloso autor de Zazie en el metro ) y por el ingeniero químico, escritor, crítico y ajedrecista François Le Lionnais. Berti es el primer latinoamericano que forma parte del círculo. Al mismo tiempo que él, también ingresó en el excéntrico club de literatos, científicos y amantes de los juegos de palabras el español, Pablo Martín Sánchez, autor de la novela El anarquista que se llamaba como yo . Son los dos primeros miembros de habla castellana en el Taller. Llegar a ser parte de esta especie de logia no es fácil: sólo resulta bienvenido quien es aceptado por votación unánime.

OuLiPo tiene como objetivo crear obras basadas en técnicas de escritura regidas por restricciones voluntarias. Es un laboratorio literario, del que está excluida la inspiración, así como la irracionalidad. En sus prácticas, lo que prima es el rigor del método científico al servicio de la riqueza literaria. A partir de ciertas reglas restrictivas que el integrante del OuLipo se impone, se abren caminos nuevos de creación. En general, los miembros se ejercitan en los juegos de palabras, son adictos a las palabras cruzadas y se consagran a ciertas proezas literarias como los lipogramas, es decir, textos en los que sólo se pueden utilizar palabras en las que de forma sistemática se eviten una, dos o más letras. Georges Pérec, que ingresó al grupo en 1967, produjo uno de los ejemplos más extremos y felices de lipograma. Escribió la novela La disparition , en la que ninguna palabra contiene la letra “e”. Lo más interesante de ese libro es que esa “falta” tiene un sentido muy importante dentro de la trama del relato, no es una mera exhibición de virtuosismo o de ingenio.

El Taller está compuesto no sólo por sus miembros vivos, sino también por los fallecidos. Quienes se incorporan a ese club selecto se convierten de inmediato en “inmortales”. Algunos de los miembros más célebres de la cofradía son Georges Pérec, Italo Calvino, Marcel Duchamp. Hervé Le Tellier, Jean Lescure y Oskar Pastior.

Hay algo en común entre el OuLiPo y la mafia: una vez que uno entra, no se puede salir porque las renuncias no son aceptadas. Como ya se dijo, ni siquiera la muerte es una liberación. Hay oulipos post mórtem. En ese sentido, cabe hacer una excepción. Sólo los suicidas dejan de pertenecer a OuLiPo. Ése es el único método para dejar de integrar la fratría: suicidarse. No es una solución popular, ni siquiera en esa hermandad.

La relación de Berti con los miembros del grupo, cuyo presidente es Paul Fournel, (el premio Goncourt de Nouvelle 1989), no es reciente. En 2007, cuando Marcel Bénabou y Hervé Le Tellier vinieron a la Argentina para participar en las jornadas Buenos Aires OuLiPo, el autor de El país imaginado participó en los encuentros.

Una coincidencia curiosa. Hace pocas semanas, el 4 de julio, Berti escribió para adncultura una nota de tapa sobre el deporte: “Campeones, héroes y semidioses”, en la que desarrollaba una serie de reflexiones sobre los atletas y el fútbol en particular. Paul Fournel, el presidente de OuLiPo, publicó, en 1988, Les athlètes dans leur tête , un conjunto de veinte nouvelles sobre deportistas, que obtuvo numerosos premios, y en el que expone la singularidad de esos hombres y mujeres cuya vida consiste en una serie de victorias y derrotas, de glorias y fracasos.

En su blog La République des Livres, el escritor y periodista francés Pierre Assouline, comenta el libro L’invention de Saint-Germain des Près , del historiador Eric Dussault, que se ocupa de investigar cómo se creó, con fines comerciales y turísticos, un mito sobre el barrio parisiense que se puso de moda durante la posguerra. Entre la década de 1940 y la de 1950, las pocas manzanas delimitadas al norte por los muelles sobre el Sena entre la rue de Seine y la rue Mazarine; al oeste por la rue des Saints-Pères y al sur por la rue Du Four, se convirtieron en una suerte de tierra liberada donde al mismo tiempo se discutía de existencialismo, de compromiso político, de arte abstracto, y se practicaba la libertad entendida de diversos modos, es decir que uno podía entregarse al comunismo, al anarquismo, a las prácticas sexuales menos comunes, al alcohol y a las drogas, mientras se escuchaba jazz y se bailaba. Ésa mezcla fue imbatible.

París era Saint-Germain-des-Près, donde se podían escuchar las canciones de Juliette Gréco, pero también a Miles Davis. Los dos enamorados el uno del otro. Según Dussault, el jazz, los negros y las caves existencialistas fueron los que impusieron la marca Saint-Germain en todo el mundo. De eso no quedó nada o casi nada. Hoy, esos metros cuadrados se volvieron los más cotizados de París. Las casas de moda de las firmas más caras desplazaron a las librerías y a las editoriales que eran un elemento esencial del quartier . Los hoteles de una y dos estrellas donde paraban artistas e intelectuales de Europa y Estados Unidos ascendieron a cuatro estrellas. Las trompetas del jazz, el turbante de Simone de Beauvoir, la pipa y los ojos bizcos de Jean-Paul Sartre, además del destino trágico de Boris Vian, forjaron la leyenda (leyenda en su sentido más estricto) porque, según analiza Dussault, sobre muy poco se construyó un espejismo. Saint-Germain, tal como se lo imaginaron los que leyeron las novelas y las biografías de ese período, apenas si duró una década. Hoy, el café de Flore, donde escribían Sartre y De Beauvoir, resiste, pero está invadido de turistas que pagan un disparate por un simple café, o de gente que va para ver y ser vista pero no para encontrarse.

Assouline elogia las numerosas fuentes e informaciones del historiador Dussault, pero critica las conclusiones a las que llega. Si el mito Saint-Germain no era más que eso, una fantasía, por qué dedicarle tantas páginas en las que las informaciones son, sin embargo, muy reales y verificables. En todo caso, los hechos, aunque fugaces y bordados de modo barroco o bizarro, forjaron una literatura, es decir, un mundo..

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